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LECTURAS Y HOMILIA DE LA SEMANA.

 

 

      

 

 

 

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

5º Domingo de Adviento. 4º fin de semana de diciembre.

 

PRIMERA LECTURA
Lectura del Libro del Eclesiástico 3, 3-7. 14-17a.

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole.


El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros;
el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado;
el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor le escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones, mientras vivas;
aunque chochee, ten indulgencia,
no lo abochornes, mientras vivas.


La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados;
el día del peligro se acordará de ti y deshará tus pecados como el calor la escarcha.


Palabra de Dios

 

Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5

V/. ¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!
R/. ¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!

V/. ¡Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,  serás dichoso, te irá bien.

R/

V/. Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;
tus hijos como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

R/

V/. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén,       todos los días de tu vida.

R/

 

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses  3, 12-21.


Hermanos :


Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.


Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.


Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.


Y celebrad la Acción de Gracias: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.


Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medir, de él.

Palabra de Dios

 


EVANGELIO
  Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor [(de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones»).


Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo,  fue al templo.


Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres (para cumplir con él lo previsto por la ley), Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:


Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.


José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre:


—Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.


Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel].


Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.


Palabra del Señor.

 

Evangelio según San Lucas, en Power - Point. Disfrutalo pinchando aquí

 

Homilía de D. Manuel Bobillo


La fiesta de hoy nos introduce en la intimidad de la Sagrada Familia en la que se desarrolló y creció el Hijo de Dios hecho hombre. Esta fiesta pretende evocar las virtudes que reinaban en el hogar de Jesús, practicarlas y pedir que sigan teniendo vigencia en nuestras familias en el tercer milenio.

La abnegación y los desvelos de los hijos por sus padres son hasta tal punto un deber de gratitud que constituye uno de los diez manda­mientos principales de la ley por cuanto que en los padres vive Dios. Engendrar y traer hijos al mundo es un acontecimiento que sólo es posible con Dios. Por eso en el cuarto mandamiento el amor agradecido a los padres es inseparable de la gratitud debida a Dios. 


San Pablo señala la unidad del amor en la familia: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos”.  El amor es el único vínculo que mantiene unida a la familia por encima de todas las tensiones. Y esto no en plano de la simpatía natural, sino que “todo lo que de palabra y de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús y en acción de gracias a Dios Padre”. El amor recíproco de los padres se señala diferenciado: a los maridos se les recomienda el amor como el que Cristo tiene a su Iglesia y a las mujeres la correspondencia a ese amor. El amor mutuo entre padres e hijos se fundamenta con una psicología insólitamente profunda: la obediencia de los hijos a los padres “le gusta al Señor”, que ha dado ejemplo de esta obediencia (Lc 2,51). El comportamiento de los padres, se fundamenta con precisión: “No exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos”. El delicado tejido de amor mutuo diferenciado no puede romperse: la Sagrada Familia es el ejemplo que todas las familias deben seguir. Jesús como todo niño tuvo una familia que lo crió. Tuvo un padre y una madre humanos, un ambiente vital en el que pudo crecer y forjar su naturaleza hasta llegar a ser un adulto, que lo modeló y preparó para realizar su misión.


Jesús quiso compartir la vida de un hogar humano. El quien debe iluminar y consolar a las familias desunidas, a los esposos que se ven precisados a vivir separados a causa del trabajo, a los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos y a los que lloran la muerte de sus familiares.


El libro del Eclesiástico describe los deberes familiares muy concretamente y a la vez con suma delicadeza. Los padres ancianos, aunque “su mente flaquee”, deben ser cuidados y tratados con respeto. El que no honra a sus padres, no experimentará ninguna alegría de sus propios hijos. En cambio, la piedad para con los padres será tenida en cuenta para obtener el perdón de los propios pecados. “El que honra a su padre expía sus pecados. El que respeta a su madre acumula tesoros” Ecco 3,3.


Dios crea al hombre y a la mujer y les imprime la vocación, y con ella, la capacidad y responsabilidad del amor y de la comunión, a imagen de la Trinidad, de cuyo amor el matrimonio es la expresión y la prolongación. Por eso el matrimonio de los bautizados adquiere el carácter de un gran signo, o, como dice San Pablo, “un misterio grande”, que se convierte en el símbolo real de la alianza nueva y eterna en la sangre de Cristo. “Un misterio grande en orden a Cristo y a la Iglesia”.


Jesús, José y María, sean el consuelo y la fuerza de todas las familias de la tierra para que fieles a su Sagrada Familia. Sean ahora modelos e intercesores y nos hagan fuertes con la gracia de la Eucaristía.

Amén.

 

 

 

 


 
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