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PRIMER FIN DE SEMANA DE FEBRERO 2010 
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DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO.- C
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y vi serafines en pie junto a é1. Y se gritaban uno a otro, diciendo:
—«¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!»
Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
—«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.»
Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
—«Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.»
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:
—«¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?»
Contesté:
—«Aquí estoy, mándame.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.
R.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
R.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
R.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1‑11
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mi.
Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien. he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1‑11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
—«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
—«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
—«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
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Homilía DE RVDO. PADRE D. MANUEL BOBILLO GAVIÑO
El tema"de la vocación", hoy brota de la palabra de Dios: la vocación de Isaías (1ª lect.), de Pablo (2ª lect.), y de los cuatro primeros discípulos de Jesús (evang.).
El evangelio Lucas procede así: La silueta de Cristo se dibuja sobre un fondo de multitudes que escuchan su palabra. Simón Pedro se fía de la palabra de Jesús a él y a sus compañeros: “Rema mar adentro y echad las redes para pescar”. Pescaron tantos peces que reventaba la red. Esto explica su respuesta inmediata a la llamada de Jesús. Los llamados son dos parejas de hermanos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Todos ellos, reciben de Jesús una consigna decisiva: “Desde ahora serás pescador de hombres”. Y dejándolo todo, lo siguieron.
En los tres casos que narran las lecturas bíblicas de este domingo: Isaías, Pablo y los apóstoles, se verifica el esquema bíblico de vocación con los tres momentos propios de todo cuadro vocacional: 1) Temor reverencial por parte del hombre que entra en contacto con Dios. 2) Misión concreta, confiada al por Dios, que es quien tiene la iniciativa. 3) Respuesta incondicional de los llamados por Dios al profetismo y al apostolado.
La vocación al seguimiento de Cristo es la universal vocación cristiana a la santidad, en los diversos estados de vida y los carismas que el Espíritu da como quiere en el pueblo de Dios. Hay continuidad de la llamada de Jesús a sus discípulos y la vocación de todo cristiano en la Iglesia.
Cada creyente recibe de Dios la llamada a la fe, al discipulado, a la conversión, a la santidad y al apostolado; y no de una vez por todas en el bautismo, sino repetidamente en cada sacramento de la vida cristiana, en la proclamación de la palabra, en la comunidad de fe reunida en el nombre de Jesús, en los hermanos que sufren, en los signos de los tiempos y en los acontecimientos de la vida diaria.
Hoy como ayer, hombres y mujeres sienten la llamada de Dios; sus labios y sus corazones perciben el Espíritu que los marca para una misión. Son personas que responden a Dios en lo más hondo de su ser: “Aquí estoy, cuenta conmigo, Señor”. Así forman parte de la saga profética y apostólica. Optan por el estilo de Jesús y la disponibilidad del "hágase" de María, la Madre del Señor.
No es exclusiva de los cristianos consagrados a Dios por el sacerdocio o los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. No. Es para todos los creyentes sinceros, que responden con alegría a la invitación de Cristo a seguirlo, lo aman, le dedican su vida, lo testimonian y anuncian a los demás la buena nueva de la presencia del reino de Dios en su vida y en el mundo de los hombres. En todos ellos se encarna hoy y se realiza dinámicamente la misión de Jesús que continúa el pueblo de Dios, que es la Iglesia.
Toda vida es vocación a la vida y a existir como personas, a la fe y a la filiación divina, a la santidad y a la Iglesia, al amor, a la libertad y a la esperanza definitiva. El seguimiento de Cristo es la gran vocación de todo discipulado, que comprende todos estos dones y llamadas. A pesar de nuestros errores, el Señor nos renueva su amor y su llamada siempre. Siempre es tiempo de aceptar y empezar de nuevo el seguimiento y una nueva vida.
A toda vocación y llamada suya va unida una misión. La misión y el testimonio es tarea de todo cristiano, pues la fe no es sólo escucha, también envío. Supuesta la experiencia de Dios por la vocación a la fe, hemos de pasar a la acción. Todos estamos en la misma barca con Jesús: laicos, religiosos, sacerdotes, obispos y papa, comprometidos en la misión de la Iglesia; todos llamados a ser luz y sal de la tierra, testigos de la resurrección de Cristo.
El apostolado no es monopolio de "profesionales", sino competencia de cuantos han recibido el bautismo. A todos nos dice Jesús: “Remad mar adentro y echad las redes para pescar”; “id al mundo entero y anunciad la buena nueva de la salvación de Dios a todos los hombres”.
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