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QUINTO FIN DE SEMANA DE ENERO 2010 
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DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Jeremías 1, 4‑5. 17‑19
En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.
No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.
Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 70, 1‑2. 3-4a. 5‑6ab. 15ab y 17
R. Mi boca contará tu salvación, Señor.
A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame.
R.
Se tu mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R.
Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.
R.
Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.
R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 4‑13
Hermanos:
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin limites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.
Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La mas grande es el amor.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 21‑30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
—«¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo:
—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»
Y añadió:
—«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
Palabra del Señor.
ESCUCHA LA PALABRA DE DIOS. PINCHA AQUÍ.
Homilía de D. MANUEL BOBILLO GAVIÑO
En el Evangelio de hoy aparece la conocida frase: “Ningún profeta es bien mirado en su tierra”, pronunciada por el mismo Jesucristo. Y la dijo cuando en su pueblo, Nazaret, no quisieron creer lo que les decía: que la profecía de Isaías sobre el Mesías se refería a El mismo.
Nos cuenta el Evangelio (Lc. 4, 21-30) que“todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios”. Pero ninguno de sus paisanos vino a declararle Mesías: los nazarenos contemporáneos de Jesús, por orgullo, por envidia…, no podían aceptar ¡que uno de su entorno, pudiera ser el Mesías!: “Y decían: ¿no es éste el hijo de José?”
Jesús penetra sus pensamientos y les agrega: “Sin duda me recítaréis…; haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y sentencia: “Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. Y muestra con sucesos del Antiguo Testamento que Dios es libre de distribuir sus dones a quién quiere, cómo quiere y dónde quiere. Les recuerda el caso de la viuda no israelita, a la que fue enviado el gran Profeta Elías (cfr. 1 Reyes 17, 7). “…en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías... sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en territorio de Sidón”. Y otro hecho similar: la curación del leproso Naamán, que era de Siria, en tiempos del Profeta Eliseo (cfr. 2 Reyes 5).
Jesús quiso decirles que la gracia divina no es para un solo grupo, raza, pueblo o nación, y que en tiempo de los Profetas Dios benefició también a gente que no pertenecía al pueblo de Israel. Los nazarenos creían que los dones de Dios eran sólo para los judíos, para ellos. Por eso se enfurecieron a tal punto que sacaron a Jesús de la ciudad, con la intención de lanzarlo por un barranco.
Sucedió lo mismo a los Profetas, entre éstos, a Jeremías quien, al reconocerse escogido por Dios, teme y trata de negarse a su vocación. Es lo que nos trae la Primera Lectura (Jer. 1, 4-5; 17 y 19).Dios, que escogió a Jeremías desde siempre, no sólo lo anima, sino hasta lo amenaza, para que no deje de cumplir la misión que le ha asignado. “Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré; te nombré profeta de los gentiles. Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos... Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte”.
En la Segunda Lectura (1 Cor. 12,31 – 13,13), San Pablo sigue enseñando el funcionamiento de la Iglesia y los Carismas, como dones del Espíritu Santo. Y habla del gran don del Espíritu Santo que es el Amor. Nos dice son nada ningún Carisma –ni la profecía, ni la penetración de los misterios, ni la revelación…, si no amamos. Se refiere al Amor que viene de Dios mismo. Ningún carisma, por muy elevado que fuera es más importante que el Amor.
Ahora bien… ¿en qué consiste este “Amor” de que nos habla San Pablo, que durará por siempre y que sobrevivirá a los carismas y a la Fe y la Esperanza? Ese “Amor” es el mismo del que nos habla San Juan (cfr. 1 Jn. 4, 7-16), el Amor que viene de Dios, y es Dios mismo en comunión. Ya no podemos amar a Dios, ni a los demás, sino es Dios quien ama en nosotros, pues Dios es la fuente del Amor, así como es la fuente de los carismas y la fuente de la Fe y la Esperanza.
Así el amor: “es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites; cree sin límites; espera sin límites; aguanta sin límites”. Así es el Amor de Dios. Así será nuestro amor, si amamos en Dios. También, según San Pablo, el amor es superior a la fe y la esperanza. Pero, no hay amor auténtico sin fe ni esperanza.
Celebramos la Eucaristía, sacramento del Amor, de la comunión con Dios, con la Iglesia y con la humanidad entera. Oremos unos por otros y pidamos, por intercesión de la Santísima Virgen ese amor.
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