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LECTURAS Y HOMILIA DE LA SEMANA.

 

 

            

 

 

SEGUNDO FIN DE SEMANA DE MAYO. 9 Y 10 MAYO DE 2009

 

 

DOMINGO V DE PASCUA

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26‑31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.


Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.


Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.


La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

 

 

Salmo responsorial Sal 21, 26b‑27. 28 y 30. 31‑32   


R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
Aleluya.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

R/.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

R/.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.

R/.

 

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18‑24

 

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.


Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.


Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.


Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.


Palabra de Dios.

 


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1‑8

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:


—«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.


A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.


Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.


Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.


Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.


Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.


Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.


Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

 

Palabra del Señor.

 

PowerPoint del Evangelio. Entra pinchando en este texto.

 

Homilía. DE D. MANUEL BOBILLO GAVIÑO

 

Ya se va construyendo la Iglesia. Cada día brotan sarmientos nuevos en la vid que, si en el Antiguo Testamento era la casa de Israel. Como decepcionó al Señor degenerando en cepa bastarda, que le dio uvas agraces, en vez de uvas, fue sustituida por Jesús, que se ha convertido en la Vid: “Yo soy la vid verdadera”.


 De la cepa nacen sarmientos nuevos, vivos mientras estén unidos a la cepa, y lo mismo que la vid y los sarmientos no son cosas distintas, sino una sola planta, la comunidad cristiana, la Iglesia, unida a  Cristo forma un solo cuerpo. Y va creciendo por los sacramentos que dan la gracia de Dios, por la oración que hace conocerle y por las obras de caridad, los frutos de esa vid.


"El que permanece en mí y yo en él ese da fruto abundante". El fruto es proporcionado a la unión con Cristo. Para que haya eucaristía, el racimo ha de ser estrujado en el lagar y molido (la cruz) el grano de trigo: “El trigo se molió en el molino, rompiendo su cuerpo como tú, la uva la pisó el hombre en el lagar, igual que tú te dejaste pisar, y ahora convertidos en pan y vino, la Iglesia los ofrece en el altar. Conviértelos, ¡oh Dios!, son frutos del amor, en tu Cuerpo y Sangre Señor”, y se nos dará la eucaristía, que hace nacer  crecer a la Iglesia, inseparable de ella.


Con frase enérgica afirmaba san Agustín a un grupo de recién bautizados que iban a recibir la primera comunión, señalándoles el pan y el cáliz consagrados: “Allí estáis vosotros sobre la mesa, y allí estáis vosotros en el cáliz porque sois uno solo con él”. Y S. Ignacio de Antioquia ante la proximidad de su martirio: "Trigo de Cristo soy, he de ser molido por los dientes de las fieras, para convertirme en pan de Cristo".


“Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, y lo que le había dicho” (Hechos 9,26). Pablo es un sarmiento nuevo que Jesús se ha elegido y ha unido a su cuerpo, para que sea un instrumento formidable de expansión y crecimiento de la Vid. Será sarmiento que ha de sufrir la poda: el Padre “lo poda para que dé más fruto”. La poda no es destrucción, sino condición de mayor fruto.


El Padre cuida su viña, la vid es el propio Hijo arraigado en la tierra del que brotan sus discípulos, sarmientos que transmiten la savia y ofrecen fruto de vida. Es vital “permanecer unidos a la vid y de ser podados”. Así, la imagen de la vid define la necesidad que los cristianos tienen de permanecer unidos a Cristo. El secreto de la vitalidad cristiana está en permanecer unidos a Cristo.


La carta de Juan nos dice: “no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad”. Amor y vida, son frutos abundantes que producen los discípulos. “Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros como nos lo mandó” (1Juan 3,18). El amor lo hace todo posible y fecundo. Los cristianos, los que practican el amor con la verdad, los que siguen el camino de Jesús, son los que tienen los resortes para cambiar el mundo, y hacerlo más humano y solidario. Porque cuentan con la fuerza de Dios.


“Como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece a la vid, tampoco vosotros si no permanecéis den mí…”. Necesitamos su gracia para permanecer en su amor, para permanecer fieles a su amistad, para cumplir su voluntad, para permanecer unidos a él. No hay nada que una más que el amor.

En la Eucaristía, comunión, alimento con el que podemos recorrer el camino porque "el que permanece en mí da fruto abundante"

 

 

 

 
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