La mayor catástrofe nuclear de la historia de la humanidad, que superó en mucho a las de Hiroshima y Nagasaki, ocurrió en la madrugada del día 26 de abril de 1986 al producirse una avería en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobil. En los días siguientes al accidente, los vientos desplazaron la enorme nube radioactiva por casi toda Europa, depositándola finalmente en Bielorrusia, Ucrania y en la zona occidental de Rusia. Los habitantes de estos países al no ser advertidos del peligro que corrían se expusieron directamente a sus efectos.
La tragedia se manifestó de forma mas patente entre la población infantil en un alarmante aumento de fallecimientos por enfermedades relacionadas con el cáncer, y en mayor número de tiroides. Estos niños conviven a diario con la radioactividad y consumen alimentos contaminados. No obstante hay que hacer notar que la radioactividad en sí no es una enfermedad y por supuesto no es contagiosa. Se estima que medio millón de niños esperan salir del país al menos temporalmente para tomar alimentos sanos y respirar aire limpio. Según la OMS estos períodos de cuarenta o cincuenta días prolonga su esperanza de vida de dos a dos años y medio.