Por Juan Cristóbal Jurado Vela.
La iconografía representada por el Señor de las Penas, de la Hermandad de la Estrella de Triana, es la conocida como la del Cristo de Humildad y Paciencia, también llamada Cristo Pensieroso , aunque como veremos la imagen en concreto sobre la que tratamos difiere en ciertos rasgos del tipo común de esta modalidad de icono sagrado. Igualmente, en Sevilla nos encontramos con el Cristo de Humildad y Paciencia, Titular de la Hermandad de la Cena.
Los orígenes de esta representación hemos de buscarlos en el Teatro de los Misterios y en el arte germánico de finales del siglo XIV. Cobró tanta popularidad este tema que pronto se había extendido por los países bálticos, escandinavos y eslavos, llegando incluso hasta América y a las latitudes más bajas del continente europeo.
Una de las principales causas de su expansión la encontramos en los grabados que Alberto Durero creó para la Pequeña y Gran Pasión (1510-1511), en donde aparece el Cristo Pensioroso , si bien participando de algunos aspectos propios de la iconografía del Varón de Dolores –como los estigmas en manos y pies-. También hemos de citar una estampa existente en el Museo Karls Ruhe, que reproduce este tema.
De esta forma, la iconografía de la Humildad y Paciencia se centra en un Jesús desnudo y sentado sobre una roca, apesadumbrado y esperando la terminación de los preparativos de la crucifixión. Además, se suele representar de este modo Jesús con la cabeza apoyada en una de las manos. Por tanto, aquí encontramos la principal diferencia con el Sagrado Titular trianero, ya que Éste eleva su implorante mirada al cielo, a la par que sus manos muestran una fuerte expresión al estar unidas en actitud orante.
Abundando en su representación plástica, la iconografía nórdica incluía ya la cruz tendida en el suelo del Calvario, la túnica y dos sayones abriendo el hoyo de la cruz –tal y como se configura actualmente el paso de misterio del Cristo de las Penas y ya venía contemplado en el Capítulo XXIV de las Reglas de fusión de esta Hermandad, en 1674-.
Ahora bien, para llegar a entender el significado concreto de esta representación iconológica hemos de tener en cuenta dos tendencias: la alquímico-mitológica y la teológica, que, como veremos, vienen a confluir en su inicio y fin: la melancolía saturnina y la tristeza de Cristo en los momentos previos de la crucifixión como resumen de toda la Pasión.
Respecto a la primera, la tendencia alquímica, viene a configurar al Cristo Pensieroso como la representación de la tristeza de Saturno, como hemos señalado. De esta forma, nos encontraríamos ante la alegoría del temperamento melancólico. Así, la tristeza de Saturno influyó, alquímicamente, en la configuración e interpretación de la tristeza de Cristo en el momento de su Crucifixión. Desde este punto de partida, nos encontramos con obras como el Liber Trinitatis de Almannus, el Amphitheatrum sapientiae aeternae de Heinrich Khumraht y los Symbola aureae mensae de Michael Maier que entroncan esta melancolía saturnina con el Cristo en su Humildad y Paciencia. Su explicación sería la siguiente: Cristo es conocido como la Piedra o Materia Prima de la alquimia. Su cuerpo –sentado sobre la piedra que Él mismo representa- evoca el proceso de transformación de los metales que han de ser alterados por la acción del fuego –simbolizado por la crucifixión-, antes de alcanzar su configuración final como Piedra Filosofal –la Resurrección-. En ese mismo momento, Cristo aparece como el oro más puro que pueda existir, como Mediador Universal.
No obstante, no se queda ahí la cuestión, ya que esta interpretación alquímica también tiene su trasfondo mitológico, comparándose el misterio de Cristo con el viaje por la laguna Estigia, en el que se han de atravesar sus putrefactas aguas antes de alcanzar el renacer y el nuevo estado de conciencia.
Tratando ahora la explicación teológica de esta iconografía, hemos de partir, igualmente, del sentimiento de melancolía saturnina, estando así ante la cristianización del simbolismo pagano de Saturno. Tanto San Alberto Magno como Santo Tomás de Aquino utilizaron para referirse a este estado la expresión Aristoteles dicit melancholicos ingeniosos esse -Aristóteles dice que los melancólicos son ingeniosos-. Igualmente, San Ignacio de Loyola se interesó por esta iconografía, que fue muy propagada por los jesuitas. Sin embargo, fueron otras órdenes religiosas las que se encargaron de expandir la devoción al Cristo de Humildad y Paciencia: dominicos, agustinos y, especialmente, los franciscanos. Así, fue San Francisco de Asís quien definió el contenido iconológico de esta advocación: “ no puede conocer el siervo de Dios los quilates de paciencia y humildad que tiene cuando todo sale a medida de sus deseos. Pero cuando llega el tiempo en que los obligados a contentarle y satisfacerle contrarían, la humildad y paciencia que entonces demuestra, ésa tiene, y no más ”.
De esta forma, el Cristo Pensieroso , fue adoptado como iconografía típica en las instituciones asistenciales –hospitales, lazaretos,...- Y ello es lógico, pues se trata de un medio visual apropiado para sugerir a los desvalidos la esperanza y resignación frente a sus males.
Por tanto, y como consecuencia de estas dos teorías acerca de esta iconografía, se puede decir que nos encontramos ante el resumen doloroso de toda la Pasión de Cristo, que culmina con su Gloriosa Resurrección.
BIBLIOGRAFÍA:
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- MARTÍNEZ MEDINA, Francisco Javier. Cultura religiosa en la Granada renacentista y barroca (estudio iconológico) . Universidad de Granada, Servicio de Publicaciones. Colección Monográfica: Arte y Arqueología. 1989;
- SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. El Alma de la madera. Cinco siglos de Iconografía y Escultura procesional en Málaga . Edita la Real y Excma. Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Santo Suplicio, Stmo. Cristo de los Milagros y Mª Stma. de la Amargura Coronada. Málaga.1996.