IN MEMORIAM: CARMEN GARCIA DE CASASOLA ALVAREZ

El pasado 27 de septiembre fallecía nuestra hermana Carmen García de Casasola Álvarez. Todos los que conocimos a nuestra hermana Carmela sabemos de su amor por Nuestros Sagrados Titulares y por su hermandad de la Estrella.
 
 

Hemos querido recuperar un artículo firmado por José Manuel de la Linde y que se publicó en el boletín de Cuaresma de 2005, en la que se recogen grandes momentos de su vida, que estuvieron unidos a su Hermandad de la Estrella.

 
Con la Estrella a todas horas
 

 

Una imagen del primer plano de la Virgen preside la estancia principal de su casa. Volviendo la mirada atrás, nuestra hermana recuerda los tiempos de la cofradía en el convento de San Jacinto. Eran entonces años de penuria. No había dinero ni para puntillas y había que raspar del suelo la cera para entregarla de nuevo a la fábrica y obtener así unas perras. Eran éstos, años en los que los candeleros del paso de palio se fijaban con alambres. A la vuelta de la estación de penitencia se contaban las bajas, como si fueran soldados del ejército.

En su familia se consideran dominicos, al cien por cien. Tanto es así que se sienten muy orgullosos de que su hijo, José Miguel, tomara la primera comunión con un hábito igual al de los frailes. Carmela recuerda con añoranza como los dominicos se paseaban por las galerías superiores del templo cuando el equipo de priostía provocaba algún porrazo que otro, interrumpiendo su paz. Alteraban entonces un tanto su expresión, pero de ahí no pasaba. Otras muchas noches oían el reloj de la parroquia dar las tres o cuatro de la madrugada, pero ella era feliz. Al lado de su marido y viviendo en verdadera hermandad trabajando para ella. Su hija, Estrella, pasaba entonces sus primeros sueños arropada en un frío banco de San Jacinto.

Carmela recuerda con mucho cariño los días de Función Principal, para ella el momento del año más bonito que perdura en su mente. En los años 60 no se estilaba que las mujeres acudieran a la comida de hermandad y esperaban pacientes en la casa de Guillermo, el mayordomo. Allí sí disfrutaban por la noche, todos juntos, de un pescaíto mientras el eco de las saetas resonaba en toda Triana. Estaba ya entonces felizmente casada con su actual marido, Miguel Pérez. Que él haya sido durante muchos años prioste en la hermandad contribuyó, sin duda, a fortalecer los lazos de unión entre Carmela y la Estrella. Tanto es así que Miguel llevó, casi engañada, a su flamante esposa a la hermandad justo al día siguiente de casarse, el 26 de septiembre de 1960. Aquel día la Virgen de la Estrella se preparaba para salir a la calle por el IV Centenario de la Fundación de la corporación y había que terminar el paso.

El Domingo de Ramos es ahora muy diferente para Carmela. Ayudada por su yerno acompaña a María Santísima de la Estrella todo el tiempo que su salud le permite. Recuerda como antaño su marido llegaba a casa amaneciendo el domingo de palmas. Cada año era un rito y un momento muy esperado el vestir a su hijo y esposo de nazarenos. José Miguel dio precisamente sus primeros pasos cuando la hermandad estaba en la calle. Por supuesto, él con el capirote. A partir de ahí, Carmela, siempre detrás del paso y auxiliando a sus dos penitentes.

A propósito, nuestra hermana se muestra a favor de la mujer nazarena. De aclarar sus dudas se encargó su nieta cuando le manifestó sus ganas de acompañar al Señor con una vela. Faltaban horas para el cabildo de consulta y entonces ya… no había más que decir.

Al hablar de la Coronación Canónica a Carmela se le ilumina el rostro. A pesar de todo el agua que cayó este día, acompañó a la Estrella hasta la catedral protegida ella también bajo un plástico.

Esposa de uno de los hombres cuyo apellido es historia de la cofradía, Miguel Pérez Cubillana, Carmela ha contribuido, sin duda, con muchas renuncias a enaltecer nuestra hermandad y a situarla donde ahora está. Para ella, nuestra hermandad, su hermandad lo es todo y así lo ha demostrado con el amor que día a día ofrece a nuestros Titulares. Gracias, Carmela. Ellos ahora, con su ayuda, seguro que te devuelven todo lo que has hecho por esta hermandad.

 
 
 
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