

Si la semana pasada la Capilla se revestía de solemnidad y recogimiento para contemplar el misterio de Nuestro Padre Jesús de las Penas, implorante ante la Cruz y recibir el beso piadoso de sus hermanos, ahora las cortinas del presbiterio se han abierto, una Estrella ha bajado y la Capilla se ha convertido en salón del trono para acoger a la Reina de nuestros corazones.
María Santísima de la Estrella nos aguarda para acoger en sus manos el beso amoroso de sus hijos, vestida con sus mejores galas: el manto de salida que se despliega solemne desde el altar y la toca de sobremanto que en 1.977 le bordara Esperanza Elena Caro, recientemente limpiada por el taller de Fernández y Enríquez de Brenes. Sobre la saya de tisú blanca, la Virgen luce el fajín que le fue donado e impuesto el 15 de abril de 1.972, Domingo de Resurrección, por el Excmo. Sr. D. Iñigo de Arteaga y Falguera, Duque del Infantado, entonces Capitán General de la II Región Militar; está realizado en hilo de oro y rematado por flecos de oro fino; la primera vez que María Santísima de la Estrella hizo Estación de Penitencia con él, fue el Domingo de Ramos de 1.973.
La Virgen luce prendido en el fajín el broche de oro y esmeraldas que representa el Triunfo de la Santa Cruz, regalo de la familia de un entrañable hermano de la Corporación que este año cumple cincuenta años en la Hermandad; el puñal de oro y piedras preciosas realizado hace cinco años por el orfebre Marmolejo, a juego con la corona de oro de la Coronación, gracias a la donación de una fervorosa devota que legó en su herencia todo su joyero para ejecutarle a la Virgen tan valioso puñal; y en el centro del tocado, lleva prendido el broche que el Colegio Oficial de Abogados de Sevilla le regalara con motivo de su Coronación. Sobre sus benditas sienes, Nuestra Señora de la Estrella luce la espléndida corona de oro labrada por Orfebrería Triana con la que se coronó canónicamente el 31 de octubre de 1.999.
En el montaje del Besamanos hemos podido contar con una valiosa pieza histórico-artística gracias a la mediación de nuestro Director Espiritual, el P. Juan Dobado, como es el sillón del trono colocado en el camarín de la Virgen. Se trata de un sillón isabelino de mediados del siglo XIX, con elementos decorativos como la corona, que remata a ambos lados en el respaldo, o la flor de lis, que perteneciera a la Srnma. Infanta de Castilla Dª María Luisa Fernanda de Borbón, Duquesa de Montpensier, madre de la querida Reina María de las Mercedes y hermana de la Reina Isabel II, quien le da nombre al puente de Triana.
La Infanta Dª María Luisa, la que en su herencia donara a la ciudad de Sevilla los jardines de su palacio, que hoy conforman el parque que lleva su nombre, regaló este sillón al convento de San José (las Teresas) del barrio de Santa Cruz. Parece ser que en dicho convento, la imagen de Santa Teresa se sacaba a la iglesia en un sencillo banco de madera, y al verla de este modo, la Duquesa de Montepensier hizo ofrecimiento de que uno de sus sillones fuese para que estuviera sentada la Santa más grande que ha dado España y una de las principales de la Iglesia. Así reza en una placa colocada en la parte posterior del respaldo.
Por primera vez sale de la clausura del convento, y ha sido para ser colocado en el camarín de María Santísima de la Estrella. En el respaldo se le ha prendido el escudo de la Hermandad. Desde él, tres gradas de plata compuestas por la peana de salida, el respiradero frontal con la capilla de San Francisco de Paula y el respiradero lateral con la capilla de Santas Justa y Rufina. Sobre ellos se van sucediendo las jarras medianas y grandes exornadas con rosas color champán, astromelias y flor de cera.
A ambos lados de María Santísima de la Estrella se disponen dos columnas doradas con candelabros de siete brazos con cera blanca y centros de rosas.
El montaje se completa con más cera sobre candeleros del paso de la Virgen y centros de flores sobre columnas con la misma variedad que en las jarras, cumplimentándose con alelíes blancos que perfuman la Capilla. En los lampareros del presbiterio también se ha dispuesto cera blanca y se les ha colocado borlones con flecos de oro fino, igual que los que ciñen las cortinas de terciopelo recogidas a ambos lados del altar.
Como “antesala” de este efímero salón del trono, la alfombra roja y dos blandones cedidos por la Cofradía del Pilar de la Parroquia de San Pedro de Sevilla. Y es que todo es poco para la que es Reina de nuestros corazones, porque contemplada así, de cerca, después de depositar en su bendita mano nuestro devoto beso y tener la providencia de admirar su rostro, nos ha arrebatado el corazón.
Los priostes



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