José Pérez Bernal
Coordinador de Trasplantes de Sevilla
350 años de N. P. Jesús de la Penas.
Su autor, el flamenco José de Arce, en 1655 consiguió que esta imagen de Jesús, desnudo y sentado en una roca mientras espera su muerte, transmita las mismos sensaciones y despierte los mismos sentimientos a muchas generaciones de sevillanos durante 350 años.
Me llama la atención que transmite sentimientos encontrados: Pena, tristeza, sufrimiento y dolor, pero también de bondad, humildad y esperanza. Miedo no. En sus ojos no he descubierto miedo ante su muerte inminente, una mirada que conozco muy bien después de 32 años como médico de Cuidados Intensivos.
Jesús, como ser humano, padeció el dolor físico, la humillación, la angustia, la impotencia y la más terrible soledad. Sabía que tenía que dar su vida por nosotros, que merecía la pena morir para salvar a la humanidad. Por eso su mirada transmite serenidad y paz. Es la mirada de alguien que, al haber superado el dolor y el miedo, consigue esa fuerza interior inexplicable que solo logran las personas excepcionales cuando consiguen ver el mas allá, cuando se convierten en héroes.
Jesús, como Hijo de Dios, sabía que su muerte se transformaría en vida gracias a su Resurrección, al gran milagro de la Esperanza.
Muerte y Vida. Enfermedad y Curación. Pena y Esperanza.
Los profesionales sanitarios estamos entrenados para luchar contra el dolor, la enfermedad y la muerte. Luchamos por la vida y por la calidad de vida de los enfermos. La muerte es el gran fracaso para el médico.
Desde 1.978, fecha en la que realizamos en Sevilla el primer trasplante de un órgano de Andalucía, una fuente de esperanza se abrió para los enfermos terminales. La Medicina y la Cirugía encontraron una solución para ofrecer una segunda oportunidad en la vida a muchos enfermos que padecen una enfermedad terminal.
El dolor, la enfermedad, la tristeza y la muerte, se puede transformar en salud, en felicidad y en vida. La palabra mágica que consigue abrir esa puerta a la Esperanza es, nada más y nada menos, que Solidaridad.
La vida después de la muerte
Hace unos días, una joven me hizo una entrevista para la revista de su Instituto. Me preguntó: ¿Qué es un trasplante? La respuesta me salió del alma. “Un trasplante es la demostración de que puede existir la vida después de la muerte, gracias a la solidaridad”.
El cristiano cree en la vida después de la muerte. Jesús nos enseñó a tener Esperanza. Pare eso murió. Para eso resucitó.
Los profesionales de los trasplantes vivimos todos los días el gran milagro de la vida después de la muerte. Una muerte irremediable se consigue transformar en vida para muchos enfermos terminales, gracias a una familia que es capaz de superar el dolor y la Pena. A pesar de estar bloqueados emocionalmente y rotos por una pérdida irreparable, son capaces de tomar una decisión sabia que consigue salvar muchas vidas.
El profesional sanitario, que siempre consideró la muerte como el fracaso de la Medicina, ha aprendido que la muerte puede ser una fuente de vida, gracias a la donación de órganos.
No te lleves tus órganos al cielo, el cielo sabe que los necesitamos aquí.
Nada ni nadie pueden compensar la pérdida de un hijo o de un ser querido, pero día a día comprobamos que esas 400 familias sevillanas que autorizaron la donación de órganos sienten un gran consuelo cuando piensan que su ser querido sigue con nosotros en la Tierra, dentro de otras personas que ya no tenían otra oportunidad de vivir. Nuestro Cardenal, Don Carlos Amigo, cuando celebra la anual misa por los Donantes de Órganos, siempre nos dice que “no nos han dejado, siguen aquí, con nosotros, salvando vidas de otros hermanos necesitados”.
Se llega al trasplante cuando una persona padece una enfermedad terminal. Enfermedad terminal es la que tiene una muerte anunciada. El trasplante le salva la vida, le consigue una segunda oportunidad en la vida. El enfermo con Insuficiencia Renal Terminal es el único que dispone de una técnica alternativa que le mantiene con vida, la diálisis. Los otros enfermos, al no disponer de máquinas que sustituyan la función de órganos vitales como el corazón, hígado o pulmón, su única alternativa es sustituir el órgano enfermo por otro. Por eso llamamos a los trasplantes: Medicina Sustitutiva.
El cristiano siempre aprueba la donación de órganos y los trasplantes.
El gran problema de esta terapéutica es que los órganos que trasplantamos, al igual que la sangre que transfundimos, no los podemos comprar en las farmacias. Los tienen que donar otras personas que requieren una condición humana excepcional. Por lo tanto, la vida de muchos hermanos depende de la solidaridad y generosidad de todos nosotros, de la sociedad sevillana. Una sociedad que, aunque me duela decirlo, niega con demasiada frecuencia la donación de órganos y, por lo tanto, niega la vida a otros ciudadanos, a otros hermanos. Una sociedad siempre dispuesta a recibir, pero no a dar.
Esta misma semana otra familia sevillana dijo no a la donación de órganos. Cuando el médico de guardia me llamó para comentarme la muerte encefálica de uno de sus pacientes, me hizo un comentario: La familia es muy cristiana, creo que aceptarán la donación. A los pocos minutos me llamó desconcertado para comunicarme el no rotundo a la donación de órganos. Posiblemente estarían bloqueados por la pena.... .
Nuestro Cardenal, comprende esta situación cuando nos dice:
“Cuando se produce la muerte, sobre todo si es de forma brusca, como en la mayor parte de los casos para los trasplantes, la situación emocional de la familia es tan dolorosa que no siempre tiene la serenidad necesaria para poder autorizar la donación de órganos del fallecido. Son muchas las familias que lo autorizan. Esperemos que un día lo sean todas.”.
En Febrero de 1979, Don José María Bueno Monreal, Cardenal Arzobispo de Sevilla, buen conocedor de nuestro pueblo, escribió una Carta Pastoral titulada “Actitud cristiana ante los trasplantes de órganos vitales”. Cito algunas de sus frases que, 26 años después, gozan de vigente actualidad:
“Se abre paso un movimiento de solidaridad humana y cristiana a favor de aquellos enfermos graves que pueden ser salvados mediante el trasplante de un órgano vital, procedente de un cadáver o por donación de una persona sana”.
“Un buen número de enfermos desahuciados esperan con angustia esa oportunidad, a muchos de los cuales le llega la muerte sin ver cumplida su esperanza”.
“Nada opone la Moral de la Iglesia a que se utilicen los órganos vitales de una persona difunta a favor de otra enferma. Es mas, se considera hoy como un gesto muy noble de caridad cristiana anunciar en vida nuestra disponibilidad para que se haga tal uso de nuestro cadáver. Lejos de profanarlo o deshonrarlo, esta extirpación lo ennoblece. Esta misma actitud puede ser adoptada por los familiares del difunto, si el no dispuso nada en contra”.
“Nos encontramos, queridos hermanos, ante unos horizontes nuevos del amor cristiano, que no podemos cerrar por principio o por prejuicios mal analizados, quienes nos consideramos discípulos de Cristo, que dio su vida por nosotros.”
El 5 de Junio de 2002, con motivo del Día del Donante, nuestro Cardenal Don Carlos Amigo Vallejo escribió otra Carta Pastoral titulada ”No te lleves al cielo lo que necesitamos aquí”. Sus mensajes están en la misma línea que la de Bueno Monreal:
“Desde el punto de vista cristiano, la donación de órganos no solamente es un meritorio acto de caridad, de amor fraterno, sino todo un reconocimiento a la bondad de Dios que nos permite, de esta manera, el poder ayudar a vivir a otras personas. Un auténtico acto de amor”.
“Dejemos a un lado los viejos prejuicios nacidos del miedo, de la falta de información y hasta de la misma superstición. Pensemos, mas bien, en el inmenso favor que se puede hacer al que está condenado a una vida precaria, y hasta a la misma muerte, si no dispone de un órgano para el trasplante”.
“En el día del último juicio, cada vacío de tu cuerpo, el que donaste a tu hermano, estará colmado de la generosidad de Dios”.
La Pena de la Familia de los donantes
En las familias de los donantes de órganos he visto reflejada la mirada de N. P. Jesús de las Penas. Cuando ya superaron sus dudas y decidieron regalar vida he descubierto una mirada especial, llena de luz, que transmite tristeza, pero también bondad, paz interior y esperanza. Es emocionante cuando consiguen transformar el dolor en esperanza y, con el cadáver aun en quirófano, mientras todos los equipos quirúrgicos están realizando la donación, se interesan por las personas que se van a salvar, por la marcha de los trasplantes.
Pena del enfermo sin esperanza
Cuando el médico nos informa de la presencia de una enfermedad terminal, el mundo se nos derrumba. La Pena abruma a toda la familia.
En ocasiones, también nos informa de una salida, de una solución, de una alternativa a esta dramática situación: una intervención llamada trasplante.
Inmediatamente pedimos que nos operen, pero eso no es posible. ¿De que dependerá?: De la solidaridad de los sevillanos, de las donaciones de órganos.
En el año 2000 teníamos solo la mitad de donaciones que en el norte de España. Poco a poco, a medida que vamos cambiando de mentalidad y concienciándonos del problema, hemos alcanzado en solo 5 años la cifra media de donaciones del país. La información ha permitido que podamos ser más solidarios. La información también salva vidas.
Hoy por hoy, el enfermo terminal sevillano ha recogido un mensaje de Esperanza. El túnel de la tragedia se ilumina con la luz de la vida.
Es emocionante ver a las personas trasplantadas luchando por la vida, concienciando a la sociedad sevillana, para que no vuelva a morir nadie en una lista de espera de trasplantes por falta de donaciones. Ellos saben que le deben la vida a la sociedad, a la solidaridad de un donante anónimo, y todos afirman que la mejor forma de devolver a la sociedad el gran regalo recibido, la vida, es intentando que la sociedad sea mas solidaria.
Una vez más, la Pena es el motor de la Esperanza, de la lucha por la vida y la calidad de vida.
La Pena de la familia del enfermo.
No podemos olvidar a la familia del enfermo. Una enfermedad la sufre toda la familia. El drama de la incertidumbre cuando estamos en una eterna Lista de Espera para un trasplante, y el miedo a la muerte, angustia a todos los miembros de la familia.
Cuando la Pena nos llena el corazón soñamos con la solidaridad, con el corazón de Sevilla. Cuando nos afecta de cerca un problema vital nos concienciamos por necesidad y, les aseguro, desaparecen todos los prejuicios.
La Pena de la Madre.
Estamos ante la Virgen de la Estrella una madre que sufre y se muere de Pena ante el Calvario de su hijo pero, sobre todo, porque ella sabía que iba a tener una muerte inminente y terrible. A muchos sevillanos Ella es la que acerca nuestros sentimientos a Dios.
Yo he descubierto la Pena en las sus manos. Como médico muchas veces he sentido impotencia al conocer los límites actuales de la ciencia.
Hace solo tres años, toda la ciencia y la tecnología disponible en una Unidad de Cuidados Intensivos, toda la experiencia acumulada durante años, solo conseguían evitar que Javier Medina, 2º capataz de la Virgen de la Estrella, trasplantado de corazón año y medio antes, no se muriera. Rechazo del injerto cardíaco, fallo multiorgánico, infección, tetraplejia....
Aun en el Siglo XXI, cuando la ciencia ha llegado a su límite, la única forma de combatir la impotencia, de luchar por la vida, es confiar en la Naturaleza. Una mañana de un mes de Julio, cuando buscaba una luz de esperanza, en esta capilla vacía, descubrí sus manos. Comprobé otra inigualable expresión de la Pena. No se cuanto tiempo estuve sentado en ese rincón, pero al salir sentí que el camino de la recuperación, que fue muy lenta, que tardó muchos meses, había comenzado.
El Domingo de Ramos siguiente Javier Medina, el Kiki, la llevó por las calles de Sevilla. Cada vez que miro sus manos siento un soplo de vida …. y el sentimiento de que la humildad y la ciencia siempre deben ir unidas, respetando la Naturaleza.
No puedo olvidar la Pena de las madres de los niños enfermos. Ellas nos enseñan a luchar con una sonrisa. En Sevilla se han trasplantado ya casi 200 niños de riñón. La Pena de los Padres se transforma en Esperanza cuando comprueban el aumento de donaciones de órganos en Sevilla y en inmensa felicidad cuando su hijo se aparta de la esclavitud de una máquina que le mantenía con vida, para alcanzar la calidad de vida que todo niño merece.
El triunfo de la vida
En Sevilla han nacido 27 niños después del trasplante de sus padres. Yo les llamo Hijos de la Solidaridad ya que pudieron nacer porque sus padres no se murieron, gracias a la solidaridad anónima de una familia increíble.
Aunque en Sevilla tenemos un Monumento al Donante de Órganos, donde rendimos homenaje a los que nos dejaron, regalando vida, las personas trasplantadas y estos niños son los auténticos monumentos vivos a los Donantes.
Cada vez que respiran, que disfrutan de un nuevo amanecer, que miran en silencio o besan a un hijo, que se enamoran o lloran de emoción con el nacimiento de un hijo, están rindiendo homenaje a ese ser maravilloso que nos dejó regalándole la vida.
Muchas veces siente Pena por su Donante. Cuando siente esa Pena, siempre eleva su mirada cielo, mira con complicidad a una Estrella, y sienten un pellizco de emoción porque sabe que, desde el más allá esa Estrella, que está junto a Dios, le sigue protegiendo.
Sevilla, 19 Noviembre 2005
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