El día 1 de diciembre a las doce de la mañana, se celebro una Eucaristía de Acción de Gracias en la Capilla Virgen de la Estrella con la participación de las personas acogidas a la Asociación y los hermanos de la Estrella donde se proclamo el patronazgo de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santisima de la Estrella.
CÓDIGO CERO ENTRE LAS ESTRELLAS
Viernes 30 de noviembre, cuatro de la tarde. Dos hombres entran en la Unidad Coronaria. A pesar de no llevar bata ni nada que los identifique como sanitarios, son médicos: un cirujano cardíaco y el coordinador de trasplantes. Sin dejar de mirar al enfermo de la cama 3, se dirigen hacia la mesa de control. Preguntan al médico de guardia y a la enfermera.
Manuel los miraba por encima de la mascarilla de oxígeno. Tampoco había comido. Se asfixiaba, tenía sudor frío y seguía mareado. Ya no podía más. Habían pasado tres días desde que le dijeron que estaba pendiente de un trasplante cardíaco urgente, un “Código Cero”. Su vida dependía de un donante anónimo. ¡Alguien tenía que morir para que el pudiera seguir con vida! Eso le atormentó, pero ya no podía pensar. Pasaban las horas y recuperaba sus últimas fuerzas mirando el dibujo que le envió su hijo de 5 años desde Marchena.
Los dos hombres se acercaron, le saludaron, intercambiaron algunas palabras entre ellos mientras miraban su gráfica y salieron. Uno de ellos se volvió y le hizo un leve gesto con el dedo pulgar apuntando hacia el cielo. Sin saber porqué, Manuel lloró.
Ana, la enfermera coordinadora de trasplantes, les había llamado: ¡Hay un donante compatible en Pamplona! Antes de localizar un avión para desplazar a nuestro equipo de cirujanos, fueron a ver al paciente. Querían comprobar que aun llegaba a tiempo el trasplante, que el daño del shock cardiogénico provocado un el infarto aun era reversible. Decidieron que el “Código Cero” seguía adelante. Al enfermo y a su familia no se les informa hasta que en el hospital donante comprobamos que el órgano es válido. Solo entonces entrará en quirófano. Se les evitan inquietudes, sufrimientos y desilusiones.
Un corazón entre las Estrellas
Ana localizó el reactor privado más rápido. El “tiempo de isquemia fría” no puede superar las cuatro horas. Desde que el corazón se extrae en el donante hasta que vuelve a latir en el pecho de Manuel no pueden pasar más de 4 horas. El vuelo Pamplona – Sevilla hubo que hacerlo en muy poco tiempo, así como los desplazamientos entre hospitales y aeropuertos. No se puede perder ni un minuto, no puede fallar ningún eslabón de la cadena. Incluso en las autopistas del cielo los grandes aviones dan prioridad al pequeño reactor que, cargado de vida, viaja contra el reloj entre las Estrellas. Ana dirigió la gran orquesta de profesionales con una sincronización perfecta y a las 4.30 de la madrugada del sábado 1 de Diciembre Manuel salió del quirófano con su nuevo corazón latiendo con fuerza y futuro.
Pocas horas mas tarde, a las 12 de la mañana, estábamos en la Capilla de la Hermandad de la Estrella. Cansados, pero felices. Manuel estaba bien y, para colmo, el Señor de las Penas y la Virgen de la Estrella se iban a convertir en Patronos y Protectores de los trasplantados de corazón de Andalucía. Existen las coincidencias, pero algunas nos llegan a impresionar. Precisamente en el día esperado para la firma del Convenio entre la Hermandad y la Asociación de Trasplantados de Corazón, llegó el trasplante de Manuel.
El acto fue muy emotivo. La Capilla estaba llena de vida. Personas trasplantadas de corazón con sus familias y profesionales sanitarios nos apretábamos en la Hermandad. Vivimos momentos inolvidables, mágicos, de gran emoción.
Yo estaba sentado frente al Señor de las Penas. Lo miraba y no podía olvidar a Manuel, ni a todos los enfermos terminales de las listas de espera. El sufrimiento, la desesperación ante una muerte esperada, el dolor, la tristeza, se me reflejaban en su rostro. Pero me sentía desconcertado al mirar sus ojos. En ellos hay una luz especial, noté esperanza.
¡Una muerte que se transforma en vida!
Los cristianos creemos en la vida después de la muerte, por eso comprendemos y aprobamos las donaciones de órganos y los trasplantes. Después de una muerte puede existir la vida para muchas personas. Los profesionales solo somos instrumentos de la ciencia para hacer realidad la fuerza del corazón, de la SOLIDARIDAD anónima. Vemos el lado de la muerte, en los donantes o una muerte anunciada en los enfermos de las listas de espera, pero también comprobamos el lado de la vida en las personas que vuelven a nacer, en los trasplantados.
La desesperación y las Penas de un enfermo terminal, como Manuel, se transformó en vida y en futuro con una donación de órganos. Si no existiera la grandeza de la solidaridad anónima en el corazón del ser humano, no se podrían hacer los trasplantes.
Una Estrella en el cielo
Todas las personas trasplantadas miran al cielo. En la soledad de la noche, en los momentos de intimidad, identifican a su donante con una Estrella. Saben que alguien que nos dejó regalando vida, sin lugar a dudas, está en el cielo. Esa Estrella guía sus vidas. A esa Estrella le dedican sus pensamientos más íntimos, sus confidencias o sus temores. A su Estrella le dirigen palabras de agradecimiento.
Lo he observado en centenares de personas trasplantadas. Os invito a que los observéis, respetando su intimidad. En los momentos más importantes de sus vidas necesitan un momento de soledad para mirar al cielo. Cuando les nace un hijo o un nieto, cuando toda la familia se reúne en Navidad o en una celebración importante, cuando se enamoran, cuando tienen un nudo en la garganta tras reñir a un hijo, cuando la persona amada le aprieta la mano mientras se emocionan juntos ante una puesta de sol, cuando se despiertan al amanecer y miran al cielo comprobando que pueden disfrutar de un nuevo día…….., todos buscan a su Estrella y dan gracias a Dios, y a su donante, por seguir viviendo.
La Estrella tiene lágrimas de Vida.
Cuando el Hermano Mayor habló al final de la ceremonia, ante la Virgen de la Estrella, fue difícil controlar las emociones. Se acordó de nuestro Javier Medina, “Kiki”, otro “valiente” que después de su trasplante de corazón siguió llevando a La Estrella, siempre de frente, por las calles de Sevilla y en su espíritu solidario. Se acordó de la “lucha por la vida” de los profesionales sanitarios y de sus familias, que soportan un tipo de vida muy especial. Él mismo se emocionó cuando habló de los donantes de órganos. Al referirse a las personas trasplantadas de corazón, dijo que podemos ser cualquiera de nosotros. Afirmó que estas personas, que disfrutan de una segunda oportunidad en la vida, tienen una categoría especial. Viven la vida con gran intensidad pero sin stress, saboreando cada minuto del día. Ellos y sus familiares valoran, más que nadie, lo que estuvieron a punto de perder: la vida.
Las lágrimas de la Virgen y sus manos crispadas por el dolor me recordaron a las familias de los donantes de órganos y a los enfermos de las listas de espera para un trasplante. La tragedia de una pérdida tuvo el consuelo de la vida para otros. Las lágrimas por una enfermedad terminal se transformaron en esperanza y en calidad de vida. La clave estuvo en la generosidad, en el corazón.
La Virgen de la Estrella tiene lágrimas de Vida.
José Pérez Bernal
Coordinador de Trasplantes de Sevilla
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